Por: Jean Paul De la Harpe
@jpdelaharpe
Sony Alpha Partner - Chile
Como fotógrafo de naturaleza, siempre ando en busca de las mejores herramientas para el trabajo que realizo en terreno. Y cuando digo “mejores”, me refiero a equipos que respondan bien en el campo, tanto en prestaciones y facilidad de uso como, sobre todo, en los resultados que permiten obtener.
Con esto en mente, he tenido la suerte de probar, desde que soy Sony Alpha Partner, los nuevos lanzamientos de Sony durante los últimos seis años, tanto en cámaras como en ópticas. Y este año no ha sido la excepción, con dos grandes lanzamientos. El primero es la sucesora de la Sony A7R V —de la cual he sido usuario por años—: la nueva Sony A7R VI. El segundo corresponde al nuevo lente Sony 100-400 mm f/4.5 GM, que si bien no es el reemplazo directo del antiguo 100-400 f/4.5-5.6, es una distancia focal que he utilizado mucho en el pasado y que, por lo mismo, puedo evaluar con facilidad.
He tenido la posibilidad de probar ambos productos durante más de dos semanas, en diferentes escenarios: fotografía de aves, paisaje y macro. Gracias a esta experiencia, he podido formarme una opinión sobre las potencialidades de estos nuevos equipos, destacando lo que, a mi parecer, son los principales puntos de mejora respecto a modelos anteriores.
En esta nota les hablaré de la cámara, dejando mis impresiones sobre el lente para un segundo artículo.
La Sony A7R VI viene a ser ya la sexta generación de una línea de cámaras que nació con la resolución en su ADN (de ahí viene la sigla “R”, de resolution). Desde la primera A7R, que contaba con un sensor de 36 megapíxeles, hasta la A7R V, con sus 61 megapíxeles, esta serie siempre destacó por su increíble calidad de imagen, capaz de rescatar detalles que otros sensores de menor resolución simplemente no alcanzaban.
Esto dio origen a toda una línea de cámaras orientadas principalmente a trabajos donde esa resolución era necesaria o especialmente deseable, como la fotografía de estudio, retrato y paisaje. Por lo mismo, y pensando en el propósito para el cual estaban diseñadas, nunca fueron cámaras particularmente rápidas ni pensadas para acción o fotografía de vida silvestre, nicho que dentro de la marca estaba ocupado por las líneas A9 y A1.
Todas estas cámaras “R” contaban con sensores de gran resolución, pero con velocidades de lectura relativamente lentas. Esto implicaba que, al utilizar obturación electrónica, aparecía el problema del rolling shutter, que en términos prácticos distorsiona objetos en movimiento rápido, como las alas de un colibrí batiéndose más de 60 veces por segundo. Por este motivo, nunca utilicé la obturación electrónica en la A7R V y limité el uso de esta cámara principalmente a fotografía macro y de paisaje, utilizándola muchas veces como respaldo de la A1 o la A1 II.
Pero todo lo anterior cambió de manera radical con el lanzamiento de la nueva Sony A7R VI, ya que se convierte en la primera cámara de esta línea capaz de disparar a 30 cuadros por segundo en Full RAW, utilizando obturación electrónica, a 67 megapíxeles, y con un rolling shutter extremadamente controlado gracias a su nuevo sensor apilado. Esto permite una lectura de información lo suficientemente rápida como para hacer fotografía de acción con total confianza.
Si bien no alcanza las velocidades de la A1 II, se acerca muchísimo, permitiendo capturar imágenes que antes simplemente no eran posibles con modelos anteriores de esta misma línea.
Otra característica que hace especialmente interesante a esta nueva cámara para fotografía de naturaleza es la incorporación de la función Pre-Capture o precaptura, la cual permite registrar imágenes hasta un segundo antes de presionar el disparador, abriendo nuevas posibilidades creativas.
Además, esta cámara es la primera en incorporar la nueva batería de Sony, modelo NP-SA100, la cual ofrece un 17 % más de capacidad y, al mismo tiempo, reduce los tiempos de carga. A esto se suman sus funciones inteligentes, que permiten conocer directamente desde la cámara el estado de salud de la batería.
Ahora bien, más allá de las nuevas características que podemos revisar tanto en la web oficial de Sony como en cientos de reviews, me interesa comentarles mi experiencia real con ella: cómo me sentí utilizándola y cuál, a mi juicio, es el nicho que viene a ocupar dentro de la línea de cámaras Sony.
En resumen, es una cámara que me gustó mucho y en la que se aprecia un salto cuantitativo y cualitativo respecto a su predecesora. No se trata de una actualización menor o poco perceptible. Esta vez realmente se siente como una cámara nueva, pero manteniendo la esencia original de las cámaras “R”.
Siendo usuario de la Sony A1 II, encontré en la A7R VI un equipo que sí me entrega plena confianza para convertirse en mi segundo cuerpo en fotografía de vida silvestre, con la ventaja adicional de generar archivos enormes que permiten realizar impresiones a gran escala.
Además, algo que me gustó mucho fue poder utilizarla en modo APS-C para fotografía de aves. Esto me permite obtener un recorte de 1,5x directamente en cámara y, aun así, llevarme archivos de 30 megapíxeles, más que suficientes para prácticamente cualquier uso profesional.
También tuve la oportunidad de utilizarla en fotografía de paisaje en el Parque Nacional Radal Siete Tazas, en pleno otoño, donde los colores son realmente vibrantes. Como todavía no tengo la posibilidad de leer los archivos RAW en Lightroom —al menos hasta que Adobe actualice su base de datos de cámaras—, estuve realizando muchas fotografías en formato HIF, el cual ofrece una profundidad de color considerablemente superior al clásico JPG.
Puedo decir que con este formato logré fotografías magníficas prácticamente salidas directamente de cámara, con colores vibrantes y detalles finos muy bien resueltos. Además, una de las grandes ventajas del HIF es que ofrece una flexibilidad de edición muy superior al JPG, ya que pasamos de 8 a 10 bits de profundidad de color. Si bien no reemplaza un RAW, permite trabajar muchísimo más y obtener resultados de gran calidad, incluso para impresiones de gran tamaño.
También estuve probando la función de focus bracketing, que si bien no es algo nuevo, aquí funciona realmente bien. Realicé una fotografía macro de un hongo utilizando un apilado de 40 imágenes, con un resultado espectacular. Además, también probé bracketing de foco en algunas fotografías de paisaje, logrando resultados igualmente impresionantes.
Otro punto importante es el apartado de video, que en esta cámara también llega muy mejorado. Ahora es posible grabar en 4K a 60 fps sin recorte y en 4K a 120 fps. Sumado a un rolling shutter que ya es prácticamente imperceptible, esto la convierte en una excelente cámara para grabar acción, en mi caso, videos de animales.
Otro aspecto que destaco es su ergonomía, especialmente al utilizar el nuevo grip dedicado para este modelo. La cámara se siente sólida, cómoda y muy bien resuelta en mano, con todos los botones al alcance de los dedos. Además, la incorporación de botones retroiluminados hace que el equipo sea mucho más funcional en condiciones de poca luz, por ejemplo, en fotografía nocturna.
En resumen, creo que esta cámara llega a subir la vara en cuanto a lo que puede ofrecer una cámara de alta resolución. Su excelente calidad de imagen, velocidad y versatilidad la convierten en una gran opción para fotografía de naturaleza, entregando prestaciones y resultados profesionales para quienes no quieren —o no pueden— invertir en una Sony A1 II, que sigue siendo, desde mi punto de vista, la cámara más rápida del mercado.
Sin embargo, considerando la diferencia de precio entre ambos modelos, la A7R VI se posiciona como una opción extremadamente sólida y difícil de ignorar.